A veces relacionamos el  pensamiento positivo con un pensamiento poco realista, ligado a estados de elevada felicidad o exagerado estado de ánimo; vamos, un pensamiento del todo blanco (en contraposición a un pensamiento negativo o negro).
El pensamiento positivo al que hace referencia Martin Seligman y demás profesionales de la psicología positiva, es un pensamiento realista, lo más objetivo posible; eso no es fácil de conseguir…ya que la misma realidad para unos será gris, para otros será verde y para otros un poco amarilla…
En casi todos los momentos de nuestra vida estamos en conversación con nosotros mismos, a través de nuestro lenguaje interno; este lenguaje da lugar a frases con las que describimos e interpretamos el mundo.
Si este lenguaje es preciso y se ajusta a la realidad , no supone fuente de problemas; pero si es absurdo o no es exacto respecto a lo real, puede producir estrés y otros trastornos emocionales.
Normalmente, y de acuerdo con Albert Ellis, cuando el pensamiento no se ajusta a la realidad, es porque está teñido de autoexigencias o miedos desmesurados; por ejemplo “tengo que ser competente en todas las áreas de mi vida”, o “los humanos no deberíamos sufrir ni padecer ningún daño o enfermedad”
Uno de los problemas consiste en verificar qué es exactamente la realidad, a la que debemos ajustar nuestra forma de pensar….como decía anteriormente esto a veces supone una dificultad, pero, una forma de acercarnos sería a través de la siguientes reflexiones:
 “mis pensamientos y lenguaje interno interfieren en mi relación con los demás?”, “mis pensamientos y lenguaje interno interfieren en mi vida cotidiana?”, “mis pensamientos y lenguaje interno interfiere en mi bienestar?”, y la última, “mis pensamientos y lenguaje interno interfieren en el bienestar de los que me rodean?”
Si respondemos afirmartivamente a alguna de estas preguntas, será que alguno de nuestros pensamientos no se ajustan a nuestra realidad…
Entonces ¿qué deberíamos hacer?, elegir uno de los pensamientos erróneos y  plantearnos las siguientes cuestiones:
–  ¿qué te hace pensar que ese pensamiento es válido?
–  ¿cuáles son los argumentos en contra de ese pensamiento?
– ¿qué otras formas hay de ver esa situación?
– ¿qué le dirías a alguien que te viniera con este pensamiento?
– Basándote en tus respuestas a estas preguntas, ¿qué conclusiones podrías sacar?