El término mudéjar no es sencillo de definir para los historiadores. Cuando lo usamos, debemos tener en cuenta que este tipo de arte se desarrolla en un margen temporal muy amplio, y que además convive y se funde con arquitecturas que se han desarrollado en otros lenguajes (románico, nazarí y gótico). Según A. Perla  “deberíamos encuadrar en el llamado mudéjar aquellas manifestaciones que, bebiendo directamente de sus orígenes árabes -pertenencia a una sociedad árabe-, o hispano-musulmanes, se desarrollan en territorio dominado por los cristianos” (1).

En cuanto a los edificios de culto, serían aquellos templos de culto cristiano realizados con un lenguaje aprehendido (elección de unas formas asimiladas como propias)  de la arquitectura islámica. Pero no todas las manifestaciones mudéjares son iglesias ni expresiones arquitectónicas (por ejemplo, las yeserías).

Además, es importante señalar que mientras desde el S. XI podemos hablar de arte mudéjar en Toledo; en Granada no lo haremos hasta después de la entrega del reino (prácticamente en el S. XVI). Y para más complejidad, también conviene tener en cuenta que en cualquier lugar y fecha, se convocaban a alarifes de todas partes para llevar a cabo las obras. Parece que no es demasiado relevante que se trate de moros asentados en territorios cristianos (mudéjares) o de árabes de territorio musulmán, trabajando en las mismas obras de uno y otro lado. Lo que al final llevaría a la siguiente conclusión para definir el MUDÉJAR: “la confluencia de dos tradiciones artísticas: la islámica y la cristiana”.  A lo que Perla añade que deberíamos matizar la anterior conclusión, debiéndonos referir a dos raíces culturales.

Pero, para ir concluyendo, y siguiendo a Perla, ¿por qué no llamarlo arte hispano cristiano?, puesto que no debió existir tal abismo cultural (2), a la vista están las propias manifestaciones mudéjares.

La Iglesia de San Miguel, de Villalón de Campos (Valladolid), con múltiples reformas y transformaciones, presenta una fábrica mudéjar que puede datarse de los S. XIII y XIV. Destaca el revestimiento de yeso pintado, imitando los despieces de ladrillo de la fábrica original. Los ladrillos fingidos reproducen la disposición de los ladrillos reales.

Ya para finalizar, desde la visión occidental a veces se concibe el arte islámico como puramente decorativo, pero se trata de un error : “más allá de la repetición de formas del mundo islámico, en las manifestaciones mudéjares perviven los ritmos, los principios que rigen los esquemas compositivos”(3)

 

 

 

 

 

 

(1) (2) (3) PERLA DE LAS PARRAS, A. Las artes del mudéjar. El arte en la Baja Edad Media Occidental: Arquirtectura, escultura y pintura. Ed. Ramón Areces.2014.

Imagen Iglesia de San Miguel, de Fernando Caballo Blanco, 2019.