Nuestro estado de ánimo tiene mucho que ver con nuestra autoestima. La autoestima no siempre la tenemos igual. A la vez que ahora nos miramos la temperatura corporal continuamente, también sería bueno mirar (con un termómetro especial) nuestra autoestima. Para ello es necesario que estemos más pendientes  de cómo nos sentimos a nivel interior, ya que, generalmente sólo prestamos atención a nuestro cuerpo físico. Si nos duele la espalda o la cabeza solemos tomar una medicación o poner algún remedio, como descansar. Pero la mayoría de las veces no tenemos ni idea de cómo está nuestra autoestima. Así que, si tenemos el ánimo un poco decaído (no estoy hablando de una depresión diagnosticada), sería bueno que nos pusiéramos manos a la obra (nunca mejor dicho) para equilibrar la autoestima.

La autoestima consta de dos partes, el autoconcepto (que a su vez está compuesto de  A= la percepción que tenemos de nosotros mismos como un ser social capaz de relacionarse con los demás, y  B=como un ser hábil para realizar múltiples tareas, unas con más habilidad que otras), y la autoaceptación (sería la percepción que tenemos de nosotros mismos como un ser digno de ser querido, empezando por el amor incondicional hacia uno mismo). La autoaceptación tiene que ver con el afecto y trato recibido ( y percibido) en la infancia (padres, familia, colegio, amigos, etc); y el autoconcepto tiene que ver con la percepción actual de mis habilidades sociales (cómo me relaciono) y destrezas intelectuales, físicas o artísticas (mis competencias personales : fortalezas y limitaciones). Todo ello conforma nuestra autoestima en un momento determinado (porque no siempre está igual).

Entonces, si en un momento dado nuestro “termómetro de estado de ánimo” nos da un nivel bajo, hay que ir directamente al “termómetro de la autoestima” e indagar cómo está (revisando cómo me percibo a nivel de autoconcepto y de autoaceptación). Generalmente el nivel de autoaceptación suele variar poco. Donde sí podemos hacer algo (“nos ponemos manos a la obra”) es en elevar nuestro autoconcepto. Ahí es donde enlazamos con el descubrimiento o re-descubrimiento de nuestras propias fortalezas, su puesta en práctica a partir de pequeños proyectos personales, el auto-refuerzo positivo (diálogo interno positivo), el disfrute y la constancia. De todo ello hablaré en el próximo post.