En el post anterior comentaba dos estrategias para afrontar el estrés: 1) buscar soluciones al problema que crees que te ocasiona estrés, 2) minimizar el peso o valoración negativa que le das a este problema (definirlo, concretarlo e intentar quitarle la mayor carga negativa, de forma que se intente ver más como un reto que como una amenaza). Pero muchas veces tanto el punto 1) como el 2) no son tarea fácil. Por ello se recomienda, que mientras dure el proceso, es fundamental la tercera estrategia: practicar a diario relajación (yoga, estiramientos, respiración abdominal, visualización, etc). ¿Por qué es tan necesario? Porque mientras estamos en fase “resistencia” (esto es, sometidos a un proceso estresante, y buscando soluciones ) se produce un desgaste de nuestros órganos internos (debido a la somatización), y este desgaste conviene paliarlo para que no se cronifique y tengamos problemas físicos mayores. Así, la relajación es una estrategia de afrontamiento adecuada, ya que ayuda a controlar la emoción negativa de la ansiedad, asociada al proceso estresante, y prepara al cuerpo y la mente para encontrar nuevas soluciones. Ayuda a convertir la situación estresante en un reto o desafío.