Este es el penúltimo post de la serie “autoestima y estado de ánimo” (por el momento, al menos desde el enfoque de mejora del autoconcepto a través de la realización de pequeños proyectos personales).

Cuando ya hemos reflexionado (lo suficiente) (parte racional) y nos hemos emocionado pensando en las cosas que nos gustaría haber hecho y no hemos podido hacer hasta ahora (parte emotiva, intuitiva), convendría pasar a la fase de elección de una actividad posible y realista, pero a la vez ilusionante. Insisto: ilusionante, posible y realista.

Si no es ilusionante (o al menos uno poco) no merece la pena el embarque. Si no es posible ya ni te cuento. Si no es realista al final no la podrás hacer.

Una vez elegida (siempre se puede rectificar y cambiar por otra más ajustada a las tres premisas anteriores), conviene tener presente:

  • recursos disponibles o posibles de conseguir
  • tareas necesarias para llevarla a cabo
  • etapas (horas, días, semanas….)
  • Impulso para ponerte en marcha
  • Durante la realización: evaluar y rectificar (ajustar los mini-objetivos a la realidad)

Siempre surgen factores que te pueden echar para atrás, pero si el proyecto es ilusionante, posible y realista, seguro que tendrás la motivación suficiente para seguir adelante.

Lo habitual es que durante la práctica del proyecto (el camino, las tareas concretas) generen la emoción positiva de FLUIDEZ, esta emoción (“se me pasa el tiempo volando”, “nunca creí que me embarcaría en esto y lo estoy consiguiendo”, “dejo atrás otras cosas que no  me llenaban, y menos mal que estoy en lo que me gusta”, etc) actúa como REFUERZO para el mantenimiento de esta conducta (“me siento bien cuando practico este proyecto, cuando estoy en este camino, por ello continuo, y busco los momentos para dedicarme a ello”).

Además, el hecho de realizar una tarea (más o menos bien, sin que llegue a la “perfección”, por que la perfección es innecesaria, ya que generalmente es fruto de la autoexigencia, y por lo tanto de la auto-presión, aspecto por otra parte muy extendido en la población occidental, y no por ello menos masoquista), equilibra la noción de AUTOCONCEPTO (que como veíamos es aproximadamente un 25 por ciento de la autoestima).

Para que surja la emoción positiva de FLUIDEZ la actividad debe generar cierto esfuerzo, es por ello que la atención y concentración están dirigidas al proceso de la tarea, y no en otros pensamientos. Está muy ligado a la meditación (focalización de la atención, captar el presente, etc), de lo que hablaremos otro día.

Termino, la clave de todo esto, es que la práctica y la experiencia vivencial de la emoción positiva FLUIDEZ (y también de otras, pero en el tema de hoy ésta destaca de una forma especial, y está ampliamente estudiada por la Psicología Positiva), genera sensación de bienestar subjetivo (algo cercano a la felicidad, que repito es un término controvertido por las múltiples connotaciones que conlleva), y por tanto relacionado con la elevación o equilibrio del estado de ánimo.

Buen fin de semana (todavía quedan setas).