La respuesta fisiológica al estrés (el conjunto de síntomas que podemos sentir) se llama “síndrome general de adaptación”, y hace referencia a una conducta adaptativa de supervivencia. Reaccionamos para aumentar las probabilidades de éxito frente aquello que percibimos como una amenaza. El cuerpo y la mente se preparan, pero con síntomas. Cuando se trata de un síndrome agudo, puntual, no hay problema, incluso es beneficioso que aparezca, es una herramienta que viene de nuestros ancestros, para afrontar y sobrevivir. El problema aparece cuando la aparición de síntomas de cronifica en el tiempo. Ya que ello produce desgaste a diversos órganos y puede conllevar enfermedad.

La diferencia básica entre ansiedad y estrés, es que en el caso de la ansiedad lo que percibimos como amenaza es irreal, es sólo una posibilidad, es incertidumbre. En cambio en una situación de estrés lo que percibimos como amenaza existe de verdad. Otra cosa es la valoración cognitiva (la interpretación y el valor que le otorgamos) que hagamos de esa situación. Y ahí está una de las claves.

Generalmente ante problemas de ansiedad la ayuda psicológica consiste en revisión de pensamientos y sustitución por otros menos ansiógenos y más adaptativos. En el caso de problemas de estrés, se trabaja en el sentido de revisión de hábitos y conductas de afrontamiento del día a día, estilo de vida, resolución de problemas y toma de decisiones.